Harán está sobre el río Balik, en el norte de la Mesopotamia, a medio camino
entre Ur y Canaán. No se da la razón para esta interrupción del viaje, pero
puede haber sido ocasionada por lo atrayente de la región, o más probablemente
por la edad avanzada y la debilidad de Taré. Harán se convirtió, para la mayor
parte de la familia, en un lugar permanente de residencia, lo que quizá
implique que los atractivos de la región pueden haberlos inducido a la decisión
original de detenerse allí. Los valles del Balik y del 304 Quebar contienen
fértiles campos de pastoreo. Es posible que toda la región estuviera muy poco
poblada y pareciera ofrecer excelentes posibilidades de aumentar la riqueza de
la familia antes de que prosiguieran hacia Canaán. Cualquiera que haya sido la
razón, Taré y su familia acamparon en un lugar que llamaron Harán, quizá como
homenaje a su hijo y hermano que había muerto en Ur. Debido a una leve
diferencia entre la forma hebrea de escribir el nombre de Harán, hijo de Taré,
y el de la ciudad Jarán, resulta incierta la relación de los dos.
La evidencia de cuán firmemente se establecieron los tareítas en su nuevo hogar
se ve claramente, porque varios de sus nombres familiares se arraigaron en las
ciudades de la región durante siglos, y en algunos casos durante milenios.
Harán, ciudad importante durante el segundo y el primer milenio AC, quizá haya
recibido ese nombre en homenaje de Harán, como ya fue sugerido. El recuerdo de
Peleg persistió en el nombre de la ciudad Paliga, en la desembocadura del río
Jabur. Nacor dio su nombre a la ciudad de Nacor (cap. 24: 10), posteriormente
llamada Til-Nahiri, cerca de Harán. El nombre de Serug se refleja en la
localidad vecina de Sarugi y el lugar Til-sha-turahi sobre el río Balik quizá
perpetúe el nombre de Taré. Los nombres de estos lugares son una evidencia
clara de que la familia de Taré ocupó esta región en tiempos antiguos.
32.
Murió Taré en Harán.
No se dice cuánto tiempo vivió Taré en Harán. En vista de la proverbial
prontitud de Abram para obedecer a Dios, parece muy poco probable que él
hubiera permanecido en Harán durante muchos años, sabiendo que el Señor quería
que fuera a Canaán, a no ser debido a la edad o enfermedad de su padre. Es más
probable que Taré se detuviera durante un tiempo cerca del río Balik para
restablecerse, y no que la atracción de la zona lo hubiera inducido a olvidar
su propósito. En tales circunstancias, la piedad filial habría mantenido a
Abram cuidando solícitamente de su padre. Todos habrían pues permanecido en
Harán con el propósito de reanudar su marcha cuando se sanara Taré. Cuando él
murió, Abram y Lot siguieron adelante con su plan original, pero otros miembros
de la familia fueron cautivados por la fertilidad de la región y no estuvieron
dispuestos a dejarla.
Al igual que Moisés algunos siglos después, Taré no entró en la tierra
prometida. Estamos obligados a recordar nuestra condición de peregrinos porque
muchos de los fieles hijos de Dios mueren en su camino a la Canaán celestial.
Sin embargo, lo grave de la muerte de Taré no fue nada en comparación con la
decisión de Nacor de permanecer en Harán. El y su familia, voluntariamente, se
apartaron de las promesas de Dios rehusando acompañar a Abram hasta la tierra
prometida. Como resultado, finalmente ellos y sus descendientes desaparecieron
del escenario de la historia, al paso que Abram y su posteridad permanecieron